Ante el incendio en San Ignacio

Con un gesto “bergogliano”, se hizo cargo de los chicos
Diario Clarín – Sección Sociedad - Por Sergio Rubin
 Ante una iglesia repleta de fieles doloridos por la vandálica agresión al templo de San Ignacio por parte de alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, el arzobispo porteño, monseñor Mario Poli, expuso en toda su dimensión la gravedad del ataque perpetrado días pasados contra la parroquia más antigua de la ciudad. Pero luego, en perfecta sintonía con el perfil misericordioso del papa Francisco, les tendió una mano a los agresores, al decir que aceptaría dialogar con ellos para que conozcan mejor lo que es la fe en Jesucristo.
Poli habló de “profanación”, de “grave ofensa a Dios y a los que creen en él”. Hasta dijo que los autores de la agresión “se ensañaron especialmente con el altar”, el lugar más sagrado del templo. Sin embargo, admitió que “le encantaría encontrarse” con ellos. Y “hasta matear si las circunstancias lo permiten”, un giro bien bergogliano que Poli no necesita copiar porque tiene el estilo de Francisco por el que el Papa lo eligió su sucesor en Buenos Aires. En rigor, mucho se habló tras el ataque de las sanciones que les corresponderían a sus autores. E incluso de la responsabilidad que les cabría a sus padres. Pero poco de cómo aproximarse a los adolescentes para invitarlos a reflexionar y cambiar. No se trata sólo de una cuestión pedagógica, sino de catecismo puro. Por eso, Poli apeló a una actitud que Bergoglio, como buen educador, siempre proponía aquí: “Hacerse cargo de los chicos”. Acaso Poli propuso implícitamente con su actitud que la sociedad se interrogue acerca de por qué chicos de un prestigioso colegio hicieron lo que hicieron en un lugar sagrado para los católicos. Quizá la respuesta hable más de los grandes que de los chicos. Por otra parte –aunque sus autores sean muy diferentes–, no puede olvidarse el reciente ataque a un templo metodista en Rosario y a varias capillas mormonas en diversos puntos del país.

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